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sábado, 26 de abril de 2014

... Anna Freud




"Las mentes creativas son conocidas por 
ser capaces de sobrevivir a 
cualquier clase de mal entrenamiento"
                                                (Anna Freud) <<w¡k¡



El legado de Anna Freud sigue teniendo un gran impacto 
en el psicoanálisis infantil; 
Anna revolucionó la forma en como tratamos a nuestros niños 
en muchos ámbitos de la vida.


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Definir qué es normal y qué es patológico en el psicoanálisis infantil
 se convierte en el punto de partida crucial 
para el especialista en esta disciplina. 
Si bien durante años se ha utilizado con los niños el mismo criterio
 que con los adultos, los diagnósticos resultantes no merecen ahora igual confianza. 
Para Anna Freud deslindar lo normal 
y lo patológico en el niño ha sido el centro de su tarea en esta obra.
 Con tal fin se vale de los conceptos fundamentales del psicoanálisis
 que el terapeuta emplea en relación con su trabajo, 
los esclarece y revitaliza con sus propias contribuciones y,
 sobre todo, establece cómo se vinculan con la realidad cotidiana. 
Anna Freud ofrece en esta obra la integración de su teoría en torno 
del análisis del niño. A ello ha dedicado la autora toda su vida 
y en este aspecto se la ha distinguido como continuadora de Sigmund Freud,
 habiendo logrado hacer extensivas las ideas 
y técnicas de su padre a edades más tempranas. 


RESÚMEN DEL LIBRO






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El análisis de una niña de quince años que servirá para comprender 
mejor el papel de esta tendencia a la identificación. 

La paciente era una joven graciosa y particularmente bella, que ya desempeñaba un papel en su círculo social, no obstante lo cual vivía atormentada por frenéticos celos en relación con una hermana aún niña. Llevada por el único deseo de lograr la admiración y el amor de los jóvenes y hombres de su amistad, postergó durante la pubertad todos los anteriores intereses de la vida. Se enamoró a la distancia y violentamente de un joven que le llevaba algunos años y con el que solía encontrarse en reuniones sociales y bailes. Fue en esta época cuando me escribió una carta comunicándome sus dudas y preocupaciones amorosas.

Me decía: "Aconséjeme cómo tengo que comportarme cuando me encuentro con él. ¿Debo aparecer seria o alegre? ¿Me querrá más si yo le demuestro que soy inteligente o si aparento ser tonta? ¿Es mejor hablar sólo de él todo el tiempo o debo hablar de mí también?.

. . " Yo contesté personalmente a estas preguntas en la entrevista siguiente.

Le sugerí que quizá no fuera realmente necesario adoptar un plan anticipado de conducta.

Llegado el momento ¿no podía ser ella misma y comportarse como sentía? Me aseguró que eso no resultana, y me hizo una larga disertación acerca de la necesidad de adaptarse a los gustos y deseos de la gente: única manera de hacerse amar. 

Y si no conseguía el amor del joven le sería absolutamente imposible continuar viviendo.
Poco tiempo después la paciente me relató una fantasía, que era una especie de fin del mundo.

 ¿Qué ocurriría —preguntó— si todos se muriesen? 

Recorrió con la imaginación toda la serie de sus amigos y.parientes, hasta que, finalmente, fantaseó que se quedaba enteramente sola. Por el tono de su voz, por el énfasis y la manera con que describía todos los detalles, tratábase evidentemente de una realización de deseos en la fantasía. 
En su relato experimentaba un placer desprovisto de toda angustia.
Entonces le recordé su deseo tormentoso de ser amada.

En la víspera, la simple idea de desagradar y de perder el amor de uno de sus amigos había bastado para sumirla en la desesperación. ¿Quién la iba a querer si fuera la única sobreviviente de la raza humana? Con toda tranquilidad rechazó la causa de sus preocupaciones del día anterior. 
"En este caso me querría a mí misma", contestó, y dio un profundo suspiro de alivio, 
como si por fin se hubiera librado de todos sus motivos de angustia.

Creo que esta ligera observación analítica en torno a este caso aislado, prueba algo característico de ciertas relaciones objetales durante la pubertad. A consecuencia del antagonismo con los instintos y del ascetismo, a través de la ruptura de las antiguas relaciones con los objetos, el mundo externo del adolescente será desestabilizado. El adolescente está expuesto al riesgo de retirar su libido objetal del mundo hacia la propia persona, o sea de regresar, en su vida libidinal, del amor objetal al narcisismo, en proporción y paralelismo con la regresión que sufre su yo. 

Sustraerse de estos peligros mediante convulsivos esfuerzos dirigidos a establecer una vez más conexión con los objetos del mundo externo, lo que sólo puede lograr apoyándose en el narcisismo y por medio de la identificación. 

Las tormentosas relaciones objetales del adolescente tendrían, según este concepto, el carácter de tentativas de curación, similarmente a lo que se observa en los estados iniciales de los accesos psicóticos.

En páginas anteriores me fue dable realizar tan frecuentes comparaciones entre las particularidades características de esta etapa con los fenómenos graves de la enfermedad mental que, no obstante lo incompleto de este estudio, acaso proceda agregar algo más con respecto al concepto de normalidad panormalidad del proceso puberal!.

La base de confrontación entre los fenómenos puberales y los iniciales de los accesos psicóticos
 es —como hemos visto— el efecto de los cambios cuantitativos en la carga instintiva. 
En ambas actuaciones el incremento de la carga libidinal del ello, de una parte acrecienta el peligro instintivo y, de otra, los esfuerzos del yo orientados a defenderse por todos los medios posibles.

 En virtud de estos procesos cuantitativos, todo período de la vida humana en el que se produce un aumento de libido, puede constituirse en el punto de partida de una enfermedad neurótica y psicótica,
 tal como siempre ha sostenido el psicoanálisis.

Otra especial analogía entre la pubertad y los accesos psicóticos reposa en la prevalencia de las actitudes defensivas de carácter primitivo que vinculamos con la angustia del yo ante la fuerza de los instintos —angustia harto más antigua que cualquier angustia objetiva o de conciencia.

 „ La impresión que recibimos del carácter normal o anormal de los procesos de la pubertad dependerá del predominio de uno u otro de estos rasgos en el mismo individuo,
o de la combinación de varios de ellos. El adolescente asceta nos parece normal en tanto su intelecto funcione libremente y mantenga múltiples y adecuadas relaciones con el objeto. 

Esto es aplicable al tipo de adolescente que intelectualiza los procesos, al tipo idealista, y asimismo a los que, impulsados por un arrebatado entusiasmo, cambian una amistad por otra.

 Pero si la actitud ascética se mantiene rígidamente; si el proceso de intelectualización invade la totalidad de la vida meatal y las relaciones con el mundo exterior se establecen sobre la base exclusiva de versátiles identificaciones, al pedagogo o al psicoanalista no le será fácil decidir por la observación qué pertenece aún a una época de transición en el desarrollo normal y qué es ya estado patológico.





RESEÑA DEL LIBRO




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