"ART-Metal, Cultura & Lectura"

lunes, 21 de noviembre de 2011

"Francisca & La Muerte"





                                        ...Al poeta compañero
                                            3 y amigo moldavo;
                                         Petru Zadmprn, quien
                                      me contó esta respuesta
                                                         de su mamá.

    --Santos y buenos días --dijo la muerte, y ninguno
de los presentes la pudo reconocer. ¡Claro!, venía
la parca con su trenza retorcida bajo el sombrero
 y su mano amarilla al bolsillo.

--Si no molesto--dijo--, quisiera saber dónde
 vive la señora Francisca.

__Pues mire --le respondieron, y asomándose a
 la puerta, señaló un hombre con su dedo rudo de labrador:
__Allá por las cañas bravas que bate el viento,
¿ve?  Hay un camino que sube la colina.
Arriba hallará la casa.

"Cumplida está", pensó la muerte y dando
las gracias echó a andar por el camino aquella 
mañana que, precisamente, había pocas nubes
en el cielo y todo el azul resplandecía de luz.

 Andando pues, miró la muerte la hora y vio
que eran las siete de la mañana. Para la una
y cuarto, pasado el meridiano, estaba en su lista 
cumplida ya la señora Francisca.

"Menos mal, poco trabajo, un solo caso", 
se dijo satisfecha de no fatigarse la muerte
y siguió su paso, metiendose ahora por el camino
apretado de romerillo y rocío.

Efectivamente, era el mes de Mayo y con los 
aguaceros caídos no hubo semilla silvestre ni brote
que se quedara bajo tierra sin salir al sol.
Los retoños de las ceibas eran pura caoba transparente. 
El tronco del guayabo soltaba, a espacios,
la corteza, dejando ver la carne limpia de la madera.
Los cañaverales no tenían una sola hoja amarilla.
Verde era todo, desde el suelo al aire y un olor a vida
subiendo de las flores.

Natural que la muerte se tapara la nariz. Lógico
también que ni siquiera mirara tanta rama llena
de nido, ni tanta abeja con su flor.
Pero, ¿qué hacerse?, estaba la muerte de paso por aquí, 
sin ser su reino.

Así, pues, echó y echó la muerte por los 
caminos hasta llegar a casa de Francisca:
__Por favor con Panchita --dijo adulona la muerte.

__Abuela salió temprano --contestó una nieta
 de oro, un poco temerosa aunque la parca
seguía con su trenza bajo el sombrero
y la mano al bolsillo.
__¿Y a que hora regresa? --preguntó.
__¡Quién lo sabe! --dijo la madre de la niña--.
Depende de lo quehaceres. Por el campo
anda, trabajando.

Y la muerte se mordió el labio. No era para menos
seguir dando rueda por tanto mundo bonito y ajeno.
__Hace mucho Sol. ¿Puedo esperarla aquí?
__Aquí quien viene tiene su casa. Pero puede
que ella no regrese hasta el anochecer o
la noche misma.

"¡Contra!", pensó la muerte, "se me irá el tren
de las cinco. No; mejor me voy a buscarla".
Y levantado su voz, dijo la muerte:

__¿Dónde, al fijo, pudiera encontrarla ahora?

__De madrugada salió a ordeñar. Seguramente
estará en el maizal, sembrando.
__¿Ydónde está el maizal? --preguntó la muerte.

__Siga la cerca y luego verá el campo arado detrás.

__Gracias --dijo seca la muerte y echó 
a andar de nuevo.

Pero miró todo el extenso campo arado y no
había un alma en él. Sólo garzas.
Soltóse la trenza la muerte y rabió:
"¡Vieja andariega, dónde te habrás metido!"
Escupió y continuó su sendero sin tino.

Una hora después de tener la trenza ardida
bajo el sombrero y la nariz repugnada de tanto olor
a hierba nueva, la muerte se topó con un caminante:
__Señor, ¿pudiera usted decirme dónde está
Francisca por estos campos?
__Tiene suerte --dijo el caminante--, media hora
lleva en casa de las Noriegas.
Está el niño enfermo y ella fue a sobarle el vientre.

__Gracias --dijo la muerte como un disparo
y apretó el paso.

Duro y fatigoso era el camino.
Además ahora tenía que hacerlo sobre un nuevo terreno arado,
 sin trillo, y ya se sabe cómo es de incómodo sentar el pie
sobre el suelo irregular y tan esponjoso de frescura,
que se pierde la mitad del esfuerzo.
Así por tanto, llegó la muerte hecha una lástima 
a casa de las Noriegas:
__Con Francisca, a ver si me hace el favor.
__Ya se marchó.

 __¡Pero, cómo! ¿Así, tan de pronto?
__¿Por qué tan de pronto? --le respondieron--,
Sólo vino a ayudarnos con el niño y ya lo hizo.

¿A que viene extrañarse?

__Bueno..., verá --dijo la muerte turbada--,
es que siempre una hace su sobremesa en todo, digo yo.

__Entonces usted no conoce a Francisca.
__Tengo sus señas --dijo burocrática la impía.

__A ver; dígalas --esperó la madre.
Y la muerte dijo:

__Pues..., con arrugas; desde luego ya son
sesenta años...

__¿Y qué más?

__Verá..., el pelo blanco..., casi ningún diente
propio..., la naiz, digamos....

__¿Digamos qué?

__Filosa.

__¿Eso es todo?

__Bueno..., por demás nombre y dos apellidos.

__Pero usted no ha hablado de sus ojos.

__Bien, nublados..., sí, nublados han de ser...,
ahumados por los años.

__No, no la conoce --dijo la mujer--.
Todo lo dicho está bien, pero no los ojos. Tiene menos tiempo
en la mirada. Ésa, quien usted busca, no es Francisca.

Y salió la muerte otra vez al camino. Iba
ahora indignada, sin preocuparse mucho por la mano y
la trenza, que medio se le asomaba bajo el ala del sombrero.

Anduvo y anduvo. En casa de los González le dijeron
que estaba Francisca a un tiro de ojo de allí,
cortando pangola para la vaca de los nietos.
Mas, sólo vio la muerte la pangola cortada y nada de
Francisca, ni siquiera la huella menuda de su paso.

Entonces la muerte, quien ya tenía los pies
hinchados dentro de los botines enlodados
y la camisa negra, más que sudada, sacó su reloj 
y consultó la hora:

__¡Dios! ¡Las cuatro y media! ¡Imposible!
¡Se me va el tren!

Y echó la muerte de regreso, maldiciendo.
Mientras, a dos kilómetros de allí,
 escardaba de malas hierbas Francisca el jardincito
de la escuela. Un viejo conocido pasó a caballo y,
sonriéndole, le tiró a su manera el saludo cariñoso:

__Francisca, ¿cuándo te vas a morir?

Ella se incorporó asomando medio cuerpo
sobre las rosas y le devolvió el saludo alegre:

__¡Nunca!
 --dijo--, 
¡siempre hay algo que hacer!.


                                                               (Onelio Jorge Cardoso)





...extracto del Libro:


NARRACIONES FANTASTICAS "ANTOLOGIA" 
( TRUJILLO, GABRIEL / ALFAGUARA )



La lección fundamental de la literatura

 fantástica es enseñarnos que el mundo interior,
 el de cada uno de nosotros, es un espacio
 donde todo puede suceder milagros,
 portentos, actos heroicos si lo alimentamos 
con nuestra propia imaginación.
 En estos relatos, la fantasía no da explicaciones
 de más aparece tal cual y de inmediato

 ya estamos en pos de su misterio,

 a la zaga de las aventuras que se suceden unas a otras.

Cada uno de estos relatos expone ante ti,

 lector, una historia relevante, 
refleja una visión de ti mismo y de la condición afinar
 el oído, abrir bien los ojos
 y dejarse llevar por lo insólito,
 lo inesperado,
 lo prodigioso.





No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada