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martes, 31 de enero de 2012

El Séptimo Sello (1957) (...análisis fílmico) (Ingmar Bergman)



Envejecer es como escalar una gran montaña:
 mientras se sube las fuerzas disminuyen,
 pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.
                                                  ( Ingmar Bergman (1918-?) Cineasta sueco)


“La idea de El Séptimo Sello me vino contemplando los
motivos de pinturas medievales:
 los juglares, la peste, los flagelantes, la muerte que juega ajedrez, 
las hogueras para quemar a las brujas y las Cruzadas.

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Cuando era niño acompañaba muchas veces a mi padre
 cuando tenía que ir a presidir el
servicio religioso en las pequeñas iglesias aldeanas
 de los alrededores de Estocolmo. 
Para mí eran fiestas. 
En bicicleta viajábamos por los campos primaverales. 
Mi padre me enseñaba los nombres de las
flores, de los árboles y de los pájaros. 
Pasábamos el día juntos, sin ser molestados por la vida ruidosa. 
El pequeño niño que yo era entonces, 
pensaba que la predicación era asunto de los adultos. 
Mientras que mi padre predicaba desde el púlpito 
y la congregación de los fieles rezaba, 
cantaba o ponía atención, yo
concentraba toda mi atención en el misterioso mundo de la iglesia:
 sobre las bajas bóvedas, los gruesos
muros, el aroma de la eternidad,
 la luz solar vibrante y de vivos colores
 sobre la extraña vegetación de
las pinturas medievales y de las esculturas sobre los techos
 y paredes. Había todo lo que la fantasía podía
desear: ángeles, santos, dragones, profetas, demonios, niños. 
Había animales aterradores como la
serpiente del paraíso, la burra de Balaam, 
la ballena de Jonás, el águila del Apocalipsis.
 Todo rodeado de un paisaje, celestial, terreno y submarino, 
hundido en una extraña belleza que, sin embargo, era bien
conocida. En un bosque estaba la muerte sentada 
y jugaba ajedrez con el caballero. 
Un personaje desnudo con los ojos muy abiertos 
se agarraba a las ramas de un árbol, mientras que abajo la muerte
serraba el tronco con dedicación. 
En el horizonte de las colinas suavemente curvadas la 
muerte conducía la última danza hacia el valle de las tinieblas. 
En otra representación la Virgen María llevaba al Niño
Jesús de la mano por un jardín de rosas. 
Sus manos eran como las de una campesina, su rostro serio
sobre su cabeza batían las alas de los pájaros. 
Los pintores del Medioevo reprodujeron todo eso con gran
sensibilidad y con gran comprensión artística y con una gran alegría. 
Todo ello me impresionaba de un
modo muy directo y efectivo
 y este mundo se me hizo tan normal
 como mi ambiente cotidiano con
padre, madre y hermanos. Por el contrario, 
me defendía contra el drama siniestro que sospechaba
cuando contemplaba la imagen de la crucifixión en el coro. 
Me dominaba la horrible crueldad y el
sufrimiento sin medida. Sólo mucho más tarde la fe
 y la duda se convirtieron en mis fieles compañeros
de camino. Con mi película quería pintar como un pintor medieval, 
con el mismo compromiso objetivo,
la misma sensibilidad y la misma alegría. 
Mis personajes ríen, lloran, gritan, tienen miedo, hablan,
responden, juegan, sufren, buscan.
 Su horror es la peste, el Juicio Final. Nuestro horror es diferente,
pero las palabras son las mismas. 
Nuestra pregunta continúa. 
La admirable calidad visual es,
obviamente, 
la fuerza peculiar de:
 "El Séptimo Sello". 

                                                      (Ingmar Bergman)  

(Extracto del Arch. que hallarás en el link sobre la imagen)

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